Juan Carlos Parra

Un profeta visitó España (Max Barroso)

Juan Carlos Parra

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Un profeta visitó España (Max Barroso) El 20 de febrero de 2026, en la asamblea anual de la FPCE, Max Barroso, representante internacional del ministerio EveryONE trajo una palabra a los pastores y líderes presentes que es una voz profética muy oportuna para este tiempo:

Mensaje de Max Barroso – Representante de EveryONE El sonido comenzó a cambiar.

Hace quince años trabajábamos con esperanza, aunque no veíamos resultados. Pero con el paso del tiempo, ese sonido de fe comenzó a mezclarse con un tono de amargura. Las conversaciones alrededor de la mesa ya no estaban llenas de expectativa sino de cansancio. Sin darnos cuenta, nuestras palabras comenzaron a reflejar una reducción en nuestra visión de Dios. Seguíamos sirviendo, sí, pero muchas veces por obligación. Sabíamos que hubo un llamado, lo entendíamos como obediencia, pero habíamos perdido el gozo de la relación.

Y el Señor nos dice hoy: Yo no me he olvidado de ti. Yo no soy hombre para mentir.

El problema no es la ausencia de promesa. El problema es cuando la esperanza se transforma en resignación.

Por eso la palabra en Isaías 54:1–4 es tan confrontativa: “Regocíjate, oh estéril…”

¿Regocijarme cuándo? En medio de la situación mala. Cuando aún no ha cambiado nada. Cuando el vientre sigue cerrado.

Regocíjate. Recupera el sonido de fe y de alabanza de tu juventud. Como dice Oseas 2, vuelve a cantar como en los días de tu desposorio. Celebra lo que voy a hacer, no mires más atrás.

Nuestra fe es necesaria para la obra. La promesa se cumplirá. Pero si Dios va a traer hijos, prepara tu casa. Prepárate para tener muchos hijos.

En 1 Samuel 1 encontramos a Ana. Ella tenía una porción escogida, una doble porción de amor, pero el Señor había cerrado su vientre. Y una doble porción nunca sustituye la multiplicación. Puedes tener estructura, reconocimiento, incluso estabilidad… pero si hay esterilidad, no hay trascendencia generacional.

No nos conformemos con la doble porción si el vientre está cerrado.

Ana provocó una atmósfera. No fue una atmósfera de queja pasiva. Fue una atmósfera de desesperación santa, de fe intensa, de “no le voy a negar nada al Señor”. Ella decidió que no se conformaría mientras hubiera Samueles por nacer.

Y cuando hizo voto, lo cumplió. Cuando el milagro llegó, no retrocedió. Entregó a su hijo. Y en el momento en que lo entregó, la revelación comenzó a fluir. En 1 Samuel 2:1 Ana profetiza acerca del Ungido, del Rey que vendría. Está viendo generaciones adelante.

La Escritura dice que antes de que la lámpara se apagara y cuando los ojos de Elí comenzaban a oscurecerse, Samuel dormía en el templo donde estaba el arca. Era un momento crítico: una generación a punto de extinguirse.

Pero antes de que la lámpara se apague, Dios siempre habla a una nueva generación.

Hoy el Espíritu del Señor se está derramando sobre la Generación Z. Hay movimientos de adoración continua. Hay despertares en Florida, en Buenos Aires, en Singapur, en campus de Estados Unidos. Dios está soplando sobre una generación que no quiere tradición sin presencia.

La pregunta es: ¿qué atmósfera estamos creando nosotros?

Porque los padres espirituales debemos proteger y guiar, como Elí acompañó a Samuel cuando aprendió a reconocer la voz de Dios. Debemos decirles: “Vuelve a la presencia. Deja que Él te hable de lo que has de hacer.”

No podemos mantenerlos encerrados en nuestra casa —es decir, en nuestra iglesia, en nuestro ministerio, en nuestro modelo—. Debemos entregarlos para que sirvan al Señor en todas las esferas.

Ana abrió su mano. ¿La abriremos nosotros?

En Lucas 1 encontramos otro ejemplo. Zacarías y Elisabet, estériles y de edad avanzada. En el lugar santo, el ángel anuncia un hijo. Y cuando nace, rompen con la tradición familiar y declaran: “Se llamará Juan.”

Al hacerlo, están diciendo: esta generación no está para perpetuar nuestro nombre, sino para cumplir un propósito mayor.

Cuando Zacarías suelta el nombre, su lengua también se suelta y comienza a profetizar.

Q

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