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Un espejo es un objeto que tenemos frente a nosotros todos los días. Una ouija, en cambio, es algo que muchas personas prefieren no tocar jamás. Pero ambos comparten una de las creencias paranormales más antiguas: la idea de que ciertas cosas pueden convertirse en un punto de contacto con algo que nosotros no alcanzamos a comprender.
En este episodio de Hablemos de Terror conoceremos tres testimonios relacionados con espejos, apariciones y una sesión de ouija que comenzó como un juego entre amigos.
Nuestra primera historia comienza cuando varios trabajadores vacían una casa antigua antes de una remodelación. Entre los muebles abandonados encuentran un enorme espejo cubierto con una sábana. Uno de ellos decide llevárselo pensando que podrá venderlo, pero poco después comienza a escuchar pasos dentro de su departamento y varias personas aseguran haber visto en el reflejo a una mujer que no estaba realmente en la habitación. Cuando deciden investigar de dónde salió el espejo, descubren que no son los primeros que describen a esa misma mujer.
En el segundo relato, cinco jóvenes utilizan una ouija solamente para pasar el rato y asustarse entre ellos. Durante la sesión aparece repetidamente un nombre que ninguno reconoce: Abel. Todo podría haber terminado como una broma entre amigos, excepto porque a la mañana siguiente una niña que nunca participó en el juego pregunta quién era el hombre llamado Abel que estuvo hablando con ella durante la madrugada. A partir de ahí comienzan los pasos, las puertas abiertas y una investigación sobre la persona que había vivido años atrás en aquel terreno.
Finalmente conoceremos la experiencia de un matrimonio que renta una casa en Mérida. La esposa comienza a cubrir el espejo de la recámara porque asegura que durante la madrugada ve reflejada a una mujer sentada junto a su cama. Su esposo cree que se trata de estrés o de algún trastorno del sueño, hasta que una noche él también la ve. Cuando consiguen hablar con antiguos habitantes de la casa descubren algo todavía más difícil de explicar: personas que nunca se conocieron entre sí describieron prácticamente a la misma figura.
No hay mensajes apareciendo mágicamente sobre cristales ni criaturas saliendo de los espejos. Son experiencias mucho más sencillas y, precisamente por eso, inquietantes: despertar de madrugada y encontrar un reflejo que no debería estar ahí, escuchar pasos después de haber jugado con algo que parecía inofensivo o descubrir una figura desconocida dentro de una fotografía tomada años atrás.
Terroríficos, pónganse cómodos, bajen las luces y acompáñenme en estas tres historias de espejos y ouijas.
Quiero preguntarles algo: ¿alguna vez han visto algo extraño reflejado en un espejo o conocen a alguien que haya tenido problemas después de jugar con una ouija? Cuéntenme su experiencia en los comentarios y díganme desde qué ciudad, estado o país están escuchando Hablemos de Terror.
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