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Nuestro Padre merece honra (Agua Viva). 1 Juan 3 1 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. 2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
EL HIJO DIGNO Érase un hombre que tenía diez hijos. Al sentirse cerca de la muerte, dejó a cada uno de ellos la décima parte de su fortuna, decidiendo que el magnífico palacio que se hiciera construir pertenecería al más digno de ellos. Muerto el jefe de la familia, se encendió una disputa entre los hijos por la posesión del edificio, y se llevó el asunto ante el juez, quien decidió de la siguiente manera: «Id al cementerio todos vosotros y golpead sobre la tumba de vuestro padre, hasta que nombre aquel a quien deberá pertenecer el palacios. Los hermanos corrieron, presurosos, hasta la última morada del extinto, y cada uno de ellos golpeó con un bastón sobre el montículo de la tumba. Uno solo se abstuvo de hacerlo. El juez le preguntó por qué se excluía, y aquél repuso así: —Antes de golpear la tumba de mi padre, prefiero renunciar a la herencia. Brillaron de alegría los ojos del árbitro, al comprobar el buen éxito de su prueba, y haciendo justicia, exclamó: —Tú eres el hijo más digno, y sólo a ti te corresponde la magnífica propiedad de tu padre.
MEDITACIÓN FINAL
Pensemos en cómo Jesús anduvo bajo paternidad y honró la autoridad de sus padres, de su Padre Celestial y hasta de las autoridades civiles. Él es nuestro ejemplo para ser hijos de Dios, por eso el Padre tuvo que dar testimonio público en tres ocasiones de su Hijo: “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Mateo 3:17. Honrar a ese Padre que tanto nos ha amado y nos ha adoptado como hijos y herederos es la respuesta que cabría esperar de verdaderos discípulos de Jesús.
Nuestro Padre merece honra MALAQUÍAS 1:6 6 El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? Y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?
HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE
Había una vez un anciano que había perdido a su esposa y vivía solo. Trabajó duro como la mayor parte de su vida, pero las desgracias lo habían dejado en bancarrota, y ahora era tan viejo que ya no podía trabajar. Sus manos temblaban tanto que no podía enhebrar una aguja, y tenía la visión borrosa, demasiado para hacer una costura recta. Tenía tres hijos, pero ya estaban casados y estaban tan ocupados con su propia vida que sólo tenían tiempo para cenar con su padre una vez por semana. El anciano estaba cada vez más débil, y los muchachos lo visitaban cada vez menos. "No quieren estar conmigo ahora", dijo, "porque tienen miedo de que me convierta en una carga para ellos. Pasó una noche en vela preguntándose qué sería de él sin la ayuda de sus hijos. Por fin se le ocurrió un plan. A la mañana siguiente fue de su amigo el carpintero y le pidió que le armara un gran cofre. Luego fue al cerrajero y le pidió que diera una cerradura vieja. Por último se dirigió al vidriero y pidió todos los pedazos de vidrio roto que tuviera. El anciano tomó el cofre, lo llenó hasta el borde con vidrios rotos, lo cerró y lo puso bajo la mesa de la cocina. Cuando sus hijos fueron a cenar, lo tocaron con sus pies. - ¿Qué hay en ese baúl, le preguntaron mirando debajo de la mesa?. "Oh, nada-respondió el viejo, sólo algunas cosas que he guardado. Sus hijos lo empujaron y vieron que era muy pesado. Le dieron patadas y escucharon un tintineo. "Debe estar lleno de oro que el viejo ha guardado en los últimos años", le dijo al oído. Comprendieron que debían custodiar el tesoro. Decidiero
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EL HOMBRE DE MI PROPÓSITO 5º Aniversario APR Alcantarilla “Yo llamo del oriente un ave de rapiña, de tierra lejana al hombre de mi propósito. En verdad he hablado, ciertamente haré que suceda; lo he planeado, así lo haré” (Isaías 46:11, LBLA). El profeta Isaías nos introduce en una de las declaraciones más contundentes sobre la soberanía divina. Dios declara el fin desde el principio, anuncia desde la antigüedad lo que aún no ha sido hecho y afirma sin titubeos: “Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré” (Isaías 46:10). Dios no improvisa. Dios no reacciona a la historia: Dios la dirige. Y cuando habla de “el hombre de mi propósito”, nos revela que su plan no es abstracto; es personal. Siempre hay un propósito, y siempre hay un hombre o una mujer a quien Dios llama desde lejos para encarnarlo. Hoy, al celebrar cinco años de APR Alcantarilla, no estamos celebrando simplemente una fecha en el calendario; estamos celebrando la fidelidad de Dios a su propósito. Cuando Dios decide levantar una obra, primero prepara corazones; cuando establece un propósito, primero llama a personas. Para cada propósito hay un hombre, y para cada hombre hay un propósito.