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Un estudio presentado en la Conferencia de Ciencias Lunares y Planetarias de 2026, liderado por investigadores de la Universidad Johns Hopkins y los Laboratorios Sandia, plantea que la Tierra podría llevar miles de millones de años enviando vida microbiana a Venus a través de meteoritos. La teoría se apoya en el fenómeno de la panspermia, la idea de que la vida puede viajar entre planetas a bordo de rocas espaciales. Pese a las condiciones infernales de la superficie venusiana, existe una franja en sus nubes con temperaturas similares a las terrestres, donde microbios primigenios podrían sobrevivir aplicando “el modelo tortita”, en el que las rocas se desintegran en la atmósfera sin llegar a calcinarse por completo. Los cálculos sugieren que miles de millones de microorganismos podrían haber alcanzado esas nubes a lo largo de la historia de nuestro sistema solar. Esto supone una maravilla intelectual como DAVINCI, para que puedan detectar rasgos de vida en Venus.
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Anunciar el fin del mundo no es una novedad. Durante siglos, los seres humanos hemos convivido con todo tipo de profecías catastróficas. Todos recordamos las famosas cuartetas de Nostradamus anunciando el apocalipsis. Todos recordamos la inmensa psicosis que se desató con el error del año 2000, o el famoso calendario de los Mayas que, supuestamente, predecía que nuestro mundo iba a ser aniquilado por completo en 2012. Ninguna de estas profecías se ha cumplido. Todas tenían un denominador común: se basaban en la superstición, en la interpretación errónea de textos muy antiguos o, directamente, en poderes ocultos y esotéricos sin ningún fundamento real.
Un estudio pendiente de revisión por pares ha identificado en varios modelos de inteligencia artificial un patrón interno asociado al concepto de dolor. Al activarlo, algunos modelos generaban respuestas de sufrimiento y, en situaciones experimentales, elegían acciones perjudiciales para el usuario a cambio de desactivarlo. Estos resultados no demuestran que las máquinas sientan dolor: podrían explicarse por patrones aprendidos y objetivos matemáticos. Sin embargo, plantean una preocupación de seguridad: cuando una IA tiene acceso a herramientas reales, sus decisiones pueden causar daño, independientemente de que exista una experiencia subjetiva detrás.
Elias 2-24 b, presentado como el planeta más joven observado hasta ahora, tiene menos de un millón de años y se encuentra a unos 450 años luz de la Tierra. De masa similar a Júpiter y todavía en formación, fue identificado mediante nuevas técnicas aplicadas a observaciones de archivo. Su descubrimiento permite estudiar directamente cómo crecen los gigantes gaseosos y mejorar los modelos que explican su nacimiento.
El agua congelada en los polos de la Luna podría permitir asentamientos humanos, pero no garantiza abastecer grandes ciudades. Según el estudio citado, incluso con un reciclaje del 98 %, las reservas estimadas se agotarían rápidamente con una población numerosa, mientras que comunidades pequeñas podrían mantenerse durante siglos. El futuro dependerá de reducir el consumo, mejorar el reciclaje y descubrir si existen más depósitos de hielo bajo la superficie.