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Hay lugares donde la gente no dice “hombre lobo”. Dice otra cosa. Dice nahual. Y no lo dice como cuento para asustar niños, sino como advertencia. En este episodio de Hablemos de Terror, escucharás 3 relatos sobre animales que no se comportaban como animales, ataques que nadie pudo explicar bien y personas del pueblo que parecían saber demasiado.
En la primera historia, Javier acepta trabajar como velador en una bodega a las afueras de un pueblo en Tlaxcala. Desde sus primeras noches le advierten que, si ve un perro negro rondando la entrada, no debe molestarlo. Pero una madrugada descubre huellas de animal mezcladas con huellas humanas, y después entiende que ese perro no estaba perdido.
En la segunda historia, Maribel cuenta cómo los borregos de su familia empezaron a amanecer abiertos en el corral. Al principio todos culpan a coyotes o perros salvajes, hasta que una noche ella ve una figura agachada entre los animales, moviéndose de una forma que no parecía completamente humana ni completamente animal.
En la tercera historia, Óscar atropella algo en una carretera vieja de Veracruz. Cree que fue un perro o un coyote, pero un hombre del rancho le advierte que no lo toque y que se vaya. Al día siguiente, se entera de que alguien apareció herido en la zona con marcas muy parecidas al golpe de su camioneta.
Escucha el episodio con audífonos y cuéntanos en los comentarios cuál de las tres historias te dejó más inquieto. Suscríbete a Hablemos de Terror, activa la campanita y comparte este video con esa persona que dice que los nahuales son puro cuento.
👇 Cuéntame en los comentarios: ¿has escuchado historias de naguales en tu región? ¿Alguien de tu familia vivió algo así? Quiero leerlos.
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Todos los días millones de personas utilizan el Metro de la Ciudad de México sin pensar demasiado en lo que existe debajo de las calles cuando las estaciones comienzan a vaciarse. Pero después del último servicio quedan kilómetros de túneles, andenes cerrados, trabajadores nocturnos y lugares donde han ocurrido accidentes, muertes y situaciones que muchos prefieren no recordar.
Antes de que se hablara de amarres, fotografías enterradas o trabajos para separar parejas, en muchos pueblos de México ya existían historias sobre otro tipo de brujas. Mujeres a las que los abuelos aseguraban haber visto caminar de madrugada, subir a los techos, reunirse lejos del pueblo y, sobre todo, acercarse a las casas donde había niños pequeños.
Cuando alguien muere, lo normal es pensar que su historia terminó. Pero hay familias que aseguran haber seguido escuchando sus pasos, viendo sus rutinas repetirse dentro de casa o incluso recibiendo visitas que parecían tener un motivo muy concreto para regresar.
En muchos pueblos de México todavía existen historias sobre seres pequeños que viven cerca de árboles, terrenos, arroyos y casas antiguas. Algunos aseguran que juegan con los niños, otros dicen que esconden objetos y también hay quienes creen que pueden cuidar dinero enterrado o volverse agresivos cuando alguien invade su espacio.
Cuando escuchamos la palabra posesión, muchas veces pensamos en películas: personas hablando con voces extrañas, sacerdotes, gritos y escenas imposibles. Pero hay familias que aseguran haber vivido situaciones muy parecidas dentro de sus propias casas y con personas a las que conocían perfectamente.