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DESERTOR O TESTIGO
El caso de Demas el desertor
Demas: Del pueblo; popular.
Encuentro con Demás en El Progreso del Peregrino de Juan Bunyan Cristiano y Fiel, caminando juntos, llegaron cerca de una mina de plata que estaba junto al camino. Allí se encontraba un hombre llamado Demás, de rostro cortés y palabras suaves, que llamaba a los caminantes para que se desviaran un poco y mirasen. Demás: Venid acá, buenos señores; aquí hay una mina de plata. Si os inclináis un poco a este lado, podréis sacaros algún provecho. Fiel: (Deteniéndose un momento) ¿Es esto seguro? ¿No hay algún peligro? Demás: Oh, no; no es más que un pequeño desvío del camino, y allí podéis hallar gran ganancia sin ningún riesgo. Cristiano: Hermano Fiel, no vayamos. Yo he oído de este lugar, y de este hombre; y sé que muchos han perecido allí. Ese Demás es un enemigo declarado del Señor, y ha hecho caer a muchos con su halago. Fiel: Es verdad, hermano. Mejor es seguir adelante por el camino recto, que apartarnos por riquezas inciertas. Cristiano: (Volviéndose a Demás) No nos engañarás. Tú mismo eres condenado; y si hubiéramos seguido tu consejo, hubiéramos caído en la ruina contigo. Demás: (Con fingida cortesía) Si os parece, no importa. Cada cual es libre de escoger su camino. Cristiano y Fiel siguieron su camino, pero no pudieron evitar mirar hacia la mina de plata. Allí estaba Demás, con su sonrisa engañosa, llamando a otros peregrinos que venían detrás. —“Solo un pequeño desvío” —decía con voz melosa— “una oportunidad que no debéis perder”. Algunos viajeros, menos firmes, comenzaron a apartarse del camino. Dudaron apenas un instante… y luego, seducidos por la promesa de riqueza, se acercaron a la grieta. De pronto, la tierra bajo sus pies se abrió como boca traicionera. Un estruendo seco sacudió el aire, y los incautos cayeron al abismo. Sus gritos se perdieron en la hondura oscura, y jamás se les volvió a ver. Otros, con gran esfuerzo, lograron salir, pero ya no eran los mismos: sus cuerpos quedaron lisiados, sus pasos torpes, sus rostros marcados por el miedo. Para el resto de su peregrinaje llevarían el recuerdo de aquella caída: la señal imborrable de haber escuchado la voz de Demás. Cristiano, viendo la escena, exclamó con voz grave: —“¡Mira, hermano Fiel! Así terminan los que aman este mundo. Algunos perecen sin remedio, y otros, aunque salvan la vida, llevan las cicatrices para siempre.” Fiel bajó la cabeza, conmovido. —“Cierto es, hermano. Más vale caminar pobres, pero firmes en el Camino, que apartarse por riquezas que no aprovechan para la vida eterna.” Y así, dejando atrás a Demás y a la mina de plata, siguieron adelante con mayor determinación, dando gracias al Señor que les había librado de tal ruina. ⸻
“Os saluda Lucas el médico amado, y Demas.” COLOSENSES 4:14
La carta a los Colosenses fue escrita por el apóstol Pablo estando preso.
La tradición más aceptada entre estudiosos es que la escribió desde Roma, durante su primera prisión domiciliaria (aprox. años 60–62 d.C.), al mismo tiempo que escribió Efesios, Filipenses y Filemón. Pablo menciona sus cadenas (Col 4:3, 10, 18).
“Os saluda Lucas el médico amado, y Demas.” COLOSENSES 4:14
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“Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús, Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.” FILEMÓN 1:23-24
La carta a Filemón también pertenece al grupo de las llamadas “cartas de la prisión”. Igual que con Colosenses, hay varias hipótesis sobre desde dónde la escribió Pablo:
Opciones consideradas por los estudiosos 1. Roma (60–62 d.C.) • Es la opinión más extendida en la tradición cristiana. • Pablo estaba bajo arresto domiciliario (Hch 28:16, 30–31). • Coinciden los mismos colaboradores que en Colosenses: Aristarco, Marcos, Epafras, Lucas y Demas (Col 4:10–14 // Flm 23–24).
Indicios internos • Pablo habla de estar “preso por Cristo Jesús” (Flm 1, 9, 13). • Planea una pronta liberación y visitar a Filemón (Flm 22), lo
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