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Nos hemos acostumbrado a la velocidad: internet debe ser rápido para ver videos, el scroll reemplazó al zapping y la recompensa en dopamina es aún más adictiva. Pero hay lugares, ocasiones, donde lo mejor es ir con calma y tomarte un tiempo para disfrutarlo, como almorzar con alguien que quieres o visitar una librería buscando un libro que no sabes cuál es. En el capítulo de hoy de Primer Párrafo, conversamos sobre las librerías y ese momento casi mágico de encontrar la lectura que te estaba esperando.
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Una vaca preñada que desaparece en plena sequía. Lo que el mar deja una mañana en la playa. Un tejón sacado a la fuerza de su madriguera. Un hombre que despierta a la deriva en un kayak después de que lo alcanza un rayo. Con muy poco, y en muy pocas páginas, el galés Cynan Jones escribe novelas en las que el paisaje es tan importante como cualquier personaje.
Creció en un hogar obrero entre Brooklyn y el sur del Bronx, postergó durante años la escritura porque sentía que era un lujo que no podía permitirse y, cuando se atrevió, quedó finalista del National Book Award con su primer libro de cuentos.
Se alistó voluntariamente para pelear en Vietnam y volvió con una Estrella de Bronce y dos Corazones Púrpura, escribió “Scarface” mientras lidiaba con sus propias adicciones, y una de sus películas ayudó a que el Congreso de Estados Unidos aprobara una ley para desclasificar los archivos del asesinato de Kennedy. Matías y Costa conversan sobre Oliver Stone y su libro “En busca de la luz”, revisando sus películas más icónicas: el pelotón que se fractura entre el bien y el mal en la selva; el capo cubano que asciende y se destruye a punta de cocaína; el tiburón de las finanzas que proclama que "la codicia es buena"; y el fiscal que desafía la versión oficial del magnicidio de Kennedy.
Escuchó de niño a un mago de circo ordenarle "vive para siempre", escribió “Fahrenheit 451” en nueve días metiendo monedas en una máquina de escribir alquilada, y hoy tiene un rincón del planeta Marte con su nombre.
Escribió una de las novelas más divertidas del siglo XX, se quitó la vida a los treinta y un años y ganó el Premio Pulitzer sin llegar a saberlo.